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En cada parada nos esperaban lugareños que comerciaban con sus productos

Transiberiano: Del metro a Casa

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En el verano de 2009 tuve la suerte de recorrer gran parte de los 9.000 kms que separan Moscú de Vladivostok a través de su histórica línea de ferrocarril.

Transiberiano: Del metro a Casa

Los lugareños nos 'alimentaban' en cada parada

Hoy recuerdo, en concreto, el tramo que unía Moscú e Irkutsk: cuatro días sin apearse, absolutamente insulsos en lo que a paisajes se refiere (a excepción de los bosques de Taiga que se atisban tras Novosibirsk).

A todo el que me pregunta, le recomiendo directamente que obvien esa parte del recorrido: ‘Los 4 días que pasas en el tren, pueden ser una experiencia, pero son evitables, y no vas a contemplar ni un sólo paisaje interesante’. A mi entender, la línea que une Lleida y Pobla de Segur tiene en 2 horas muchísimas más panóramicas que la que atraviesa Siberia durante 4 días. El transiberiano es una experiencia que vive más del mito que de la vivencia real, pero que, supongo, debes descubrir por ti mismo’.

Aún así, siempre me quedó un pero, una incógnita. Me decía a mí mismo: ‘En invierno esto debe ser otra cosa. El transiberiano en invierno se debe sentir como un barco rompehielos tratando de alcanzar el Polo Norte’. Imaginaba el manto de nieve que cubría una estepa sin encanto y la convertía en un desierto singular e impresionante.

Hoy he disfrutado, como el resto de habitantes de la península ibérica y gran parte de Europa, de la ola de frío que los expertos meteorólogos han dado en llamar ‘Frío Siberiano’. Y, con el viento cortándome cada uno de los pocos centímetros de cara descubierta, me he sentido más canario que nunca, he recordado mis raíces tropicales y no he dudado ni un segundo en contradecirme: ‘¿Qué se me ha perdido a mí allí?’

Sólo 5 minutos distan desde la boca de metro más próxima a mi casa y ese tiempo ha bastado para darme cuenta de mis limitaciones: pasar siete largos días en un largo tren que tiene por sistema de calefacción una caldera para cada vagón, alimentada con carbón y pala por una voluntariosa azafata veinteañera, no suena tan bien como antes.

Y vosotros… ¿Creéis que el frío puede llegar a convertirse en un reclamo turístico como lo es el calor o siempre será un estigma para los destinos?

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